HATARI

DURANTE algún tiempo, Carlos Rubio se ganó la vida haciendo fotografías a los bañistas de la playa del Bajondillo con un cachorro de león que nunca supe de dónde lo había sacado. Paseaba entre las hamacas y las toallas con el león en brazos y la cámara colgando del hombro. El señor Rubio vivía en el mismo edificio que yo, en el bajo izquierda, y por las tardes me cruzaba con él en el portal, que regresaba acalorado y feliz de la playa. Nos saludábamos, y yo acariciaba la cabeza del animal como si fuera un niño pequeño. La casa de Carlos Rubio tenía un pequeño patio interior y allí vivía el león, que se llamaba Hatari. Era un edificio de cuatro plantas en el centro de Torremolinos, al lado de la Nogalera. Los inquilinos manteníamos una relación cordial. Al principio nos hizo gracia que el vecino del bajo tuviera un cachorro de león en el patio. Pero el cachorro empezó a crecer y sus rugidos fueron alcanzando una potencia sobrecogedora. Sin embargo, el fotógrafo seguía llevando a la playa al mamífero que llevaba atado con una cadena de castigo. Los bañistas miraban al león con espanto y eran muy pocos los que se arriesgaban a posar junto a él, que hacía ya demasiados meses que había dejado de ser cachorro. Al atardecer, desde la ventana de la cocina, veía al león en el patio devorando grandes trozos de carne. El señor Rubio se quejaba de que el negocio de las fotos estaba en declive y también se lamentaba de lo caro que le salía el mantenimiento de Hatari, pero no se planteaba donarlo a ningún zoológico y supongo que mucho menos ofrecerlo a un circo donde los animales, decía, daban la impresión de estar siempre narcotizados. Un día, de pronto, Carlos Rubio desapareció. El animal seguía en el patio rugiendo y devorando un enorme trozo de carne que supuse se lo había dejado el señor Rubio para que soportara los crudos días en que él iba a estar ausente. Un par de semanas después, el vecino del bajo continuaba sin aparecer. Los excrementos del animal se amontonaban en el patio y el olor comenzaba a resultar insoportable. Antes de que el león acabara con la reserva de comida, reuní a los vecinos para tomar alguna decisión sobre el asunto del extraño vecino del bajo. Llamamos a la policía y al cabo de una hora estaban cuatro agentes revolviendo el piso sin encontrar rastro del inquilino. Luego anestesiaron al león y se lo llevaron en una furgoneta. Según la policía, el león dormía en la cama de Carlos Rubio. Yo estaba cada vez más convencido de que Hatari se había zampado a su amo, pero preferí no decir nada; a fin de cuentas, si mi sospecha era cierta ya no había solución. .... .. .. .. .. ............ Supongo que Carlos Rubio bautizó a aquel León como "HATARI" para rendir tributo a aquella pelicula de Howard Hawks (1962) en la que Sean (John Wayne) encabeza un grupo de extraordinarios cazadores profesionales en África. Pero éstos no utilizan balas, capturan animales feroces con fuertes sogas y cámaras para zoológicos y atracciones circenses. Se trata de un negocio excitante que enfrenta al hombre con la bestia. Howard Hawks repetía en este filme su propia escena del piano de Sólo los ángeles tienen alas. ................ ........ ...................... ........ HATARI formado a finales de 2007 por tres componentes, los cuales, aportan influencias tan diversas como las de sus últimas bandas, se proyecta como una fuente de rock alternativo con letras en castellano y melodías envolventes. A la diversidad de géneros que embargan a sus componentes se une una única y concreta pretensión. En la actualidad HATARI presenta una demo con cinco cortes producidos por JAVIER GÓMEZ BELLO en ESTUDIO CAMPERO. Torremolinos/Sexmo (Málaga)


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